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31.12.10

El Wikileaks de los nombres raros

Un informante me envío un documento secreto muy interesante: el Wikileaks de los nombres raros uruguayos.
Pese a la seriedad del remitente, al principio leí el inventario de casi 300 descacharrantes nombres con reserva. Cada uno llevaba consigo su número de documento de identidad, pero eso no garantizaba que fueran ciertos. Encontré que parte del listado ya había circulado por internet. Eso reforzó mi escepticismo dada la baja confiabilidad de todo lo que transita por la red sin aclarar fuentes o procedencia.
Sin embargo, un segundo análisis, me hizo prestar más atención. Pronto noté que muchos nombres eran verdaderos: yo mismo poseía las pruebas documentales, gracias a mis anteriores trabajos.
Allí estaba Pepa Colorada Casas, inscripta el 25 de setiembre de 1923 a las nueve de la mañana, en Trinidad, Flores, por sus padres: el militar Delfino Casas y el ama de casa Emma Fernández. La partida no aclara por qué decidieron ponerle Pepa Colorada a su hija, pero no deja dudas de que el caso es auténtico.
También el ya legendario Tomás Leche, inscripto el 15 de mayo de 1941 en Montevideo; hijo del comerciante Antonio Leche y el ama de casa Clara Medina (responsable de inscribir al niño con su bebible nombre).
Seguí con Gaucho Puntiador Techera, de quien me consta que fue anotado el 9 de junio de 1975 en Villa Olimar, Treinta y Tres. Y luego Gaucho Carolino Vaz Acevedo, curiosamente también de Villa Olimar, pero de 1978.
En la lista también estaba quien fue bautizado como Enero Quince, inscripto en Salto en 1926 por su padre, el comerciante francés Clemente Dematté. (Su partida de inscripción es notable, ya que su padre, soltero, declara que el niño es hijo natural suyo y de “madre desconocida”).  También Río Uruguay Fernández Montt, inscripto en Treinta y Tres el 5 de noviembre de 1958, y Árbol Santos, a quien tuve el gusto de entrevistar para un reportaje que se publicó en el suplemento Radar del diario argentino Página 12 (puede leerse en este blog).
Con tantos casos ciertos, comencé a sospechar que toda la lista era verdadera y que estaba frente a un tesoro, un auténtico mapa del delirante mundo de los nombres raros uruguayos.
Pero antes de cantar victoria decidí investigar un poco más.

Insólitos pero ciertos

Busqué comprobar la autenticidad de otros de los nombres de la lista, desconocidos para mí hasta este momento. Y, en efecto, eran verdaderos:
Transilmonte Moreira es dueño de una subagencia en Rivera, según la página oficial de la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas: http://www.loteria.gub.uy/agencias_quiniela.php?xAgencia=2&vBanca=21
Gloria Celeste Da Costa es profesora y vive en Brasil, según consta en varias páginas web, como por ejemplo: http://g123.com.br/contato/4635473353-gloria-celeste-da-costa-amaral-rua-tupi-246-ampere-pr
Sir Alester Navarro, Mac Gómez, Constante Corso, Desamparados Valero, Júpiter Neptuno Suárez, América Latina Vacani y Aurora Boreal Castro figuran en la guía de teléfonos.
Jonhhie Walker Bolfarini es un joven basquetbolista, según se puede confirmar en : www.sportingpulse.com/get_file.cgi?id=555273.
Tutankamon Moreira está en Facebook: http://www.facebook.com/profile.php?id=1534998104
India América Gutiérrez hace yoga: http://www.3ho.org/get-involved/service-mark/registry/
De la existencia de Franz Beckenbauer Da Cruz da cuenta en su blog un ex vecino suyo llamado Leo que hoy reside en Quebec:
Werbklowince Olivera falleció en 2002:
Tierra y Libertad Alacio falleció en 2007: http://www.forestierpose.com.uy/cartelera/HDatosServicio.aspx?3462
Salud Pérez falleció en 2010: http://www.elpais.com.uy/10/05/11/obituario.asp
Ruben Marciano Severo Ocio es comisario en Artigas:
Sobre Uruguay Campeón Panzacchi hay referencias en un foro donde los Panzacchi discuten el origen de su familia. Según afirma allí una de sus parientes, su glorioso nombre no le impidió morir joven: http://www.facebook.com/topic.php?uid=36749089668&topic=8625
Incluso el mítico nombre de Elba Gallo es real en Uruguay, según puede comprobarse en un aviso fúnebre publicado en El País:
A Diosalinda Uruguaya Pereyra la ubiqué y pude conversar con ella. Su padre era un hombre de campo, matrero, peleó con Aparicio Saravia en la guerra de 1904. “Era muy de andar mirando las estrellas”, dijo Diosalinda Uruguaya buscando una explicación para su nombre y el de algunas de sus hermanas: Orieta Sol Radiante, María Esterlina, Cielo Humanidad y Estrella Luz Divina.
A Diosalinda Uruguaya le gusta su nombre. En la escuela los compañeros de clase le decían Doble Uruguaya, pero ahora se mata de risa. Todos la llaman Diosa.

La lista increíble

Habiendo comprobado ya tantos nombres, concluí que el Wikileaks de los nombres raros es confiable, y que el listado tiene un muy alto porcentaje de posibilidades de ser totalmente cierto.
Según el documento, existen o han existido uruguayos llamados:
Brisa Uruguaya Añasco
Christian Dior Ramos Quiroga
Edison Telito Villalba
Susana Oria Ygoa
Waltersito Núñez
Manuelito Farías
Richard Nixon Padrón Vega
Pinocho Tarradas
Hollibuood Amuz
Hamabided Alcira Vila
Air Fabiana Pedrozo
Renault Gervasio Rodríguez
Charles Bronson Vera
Nabucanadosor Álvarez
Termo García
Cabellitos Baladon
Puterman Ghidolio
Colado Herves Figueredo
Bigabriel Pereira
Sony Rodríguez
Te Julio Casas
Mickey Pérez
King Hansen Hernández
Frankestein Fitgerald Mendoza
Anolindo Lucas Menas
Amazonas Leyenda Nieto
Dios Gracias Faina
Fierro Silva
Lady Roja del Cerro Corbo
Luz Violeta del Cerro Corbo
Nene Alberto Díaz
Niña Isabel Leal
Pascualina Fresca Grasso
Plutón Agrícola Mezzetta
Refestilidad Alvez
Reo Fernández Álvarez de Olivera
Solidario Caballero Viera
Súper Elba Forniero
Tierra Libre Sendra
Tránsito Montes de Oca
Pibe Sergio López Martínez
Guri Molinari Quiantas
Grace Kelly Antuña
Alain Delon Medina
Michael Douglas Ferreira
Kirk Douglas Díaz
Bruce Lee Vique
Mahatma Gandhi Rodríguez
Mohamet Ali Benedetto
Sugar Leonard Fragoso
Harley Davidson Referovich
Tarzán Olivera
Yerba Núñez
Alegría Uruguaya Lazarini
Oriental Fundador Castro
Herasthoters Voltaire Sena Rocha
Heligoland Calixto Pereira Duque
Superfina González
Calendario Casco
Justa Profesora Álvarez
Amor Sublime Moreno
Dulce Nombre de Jesús Castillo
Yonny Ausente Barreto
O Lan de la Medalla Milagrosa Bagnarra
Cuando en un artículo anterior sobre este tema entrevisté a Árbol Santos, me dijo: “Tener un nombre así te fortalece, pero también te genera una sensación de sentirte siempre distinto. Es difícil evaluar el efecto total de llevar un nombre tan raro. Yo creo que el balance tira a positivo, pero no dejo de reconocer que tiene un lado muy complicado”.
Pero Árbol no quiso arriesgarse. Cuando nacieron sus hijos, les puso nombres tradicionales.

Sobre este tema ver también:
y El último Hitler uruguayo: http://leonardohaberkorn.blogspot.com/2009/07/el-ultimo-hitler-uruguayo.html
el.informante.blog@gmail.com

24.12.10

Caras y caretas

Fotografía publicada en la sección Sociales de la revista Caras y Caretas.
Edición del 23 de diciembre.

El pueblo que quiso salir en televisión

Nada en Young recuerda que en esta pequeña ciudad de Uruguay, hace un año, ocurrió una tragedia que por grotesca fue noticia en el mundo.
Nada recuerda que ocho personas murieron cuando un programa de televisión "solidario" convocó al pueblo a remolcar una locomotora en apoyo del hospital local.
Donde ocurrió la masacre el 17 de marzo de 2006 no hay flores que recuerden a los muertos. La gente pasa por allí como si nunca hubiera sucedido nada. En todo Young no hay ni siquiera un graffiti que mencione la tragedia. Es como si el pueblo hubiera decidido que nunca ocurrió.

***

Tragedia de Young. Desafío al corazón. Nota Haberkorn
Estación de trenes de Young.
Portadilla con la que fue presentado el artículo
en la revista Gatopardo 

Young tiene 15.000 habitantes, teléfonos de cuatro cifras y una sola esquina con semáforo. Young –a la que llaman Yung- no es capital departamental, no es sede de ninguna fiesta de renombre y carece de atractivos turísticos. Quizás por eso fue tan impactante que la televisión nacional decidiera hacer un programa allí.
La idea fue de Griselda Crevoisier, una administrativa del hospital de 51 años, que cada semana miraba en Canal 10 el programa Desafío al Corazón. En él, distintas instituciones eran conminadas a cumplir con una prueba insólita y recibían como premio el dinero donado por los televidentes, sensibilizados a través de la pantalla.
En 2004 el hospital no tenía ambulancia. Crevoisier convenció al director de entonces de participar en Desafío y así poder comprar una. Como ella conocía a uno de los dueños de Canal 10, logró que el hospital fuera anotado en la lista de espera del programa.
Hoy Crevoisier no cree haberse equivocado. Casi todo lo que hay en el hospital, explica, fue conseguido gracias a donaciones que han suplido el aporte siempre insuficiente del Estado.
Celia González, otra funcionaria, cuenta una historia ocurrida años atrás: un día hubo una emergencia y a la ambulancia le faltaba un neumático. El director del hospital no sabía qué hacer. Entonces, contra los reglamentos, llamaron por teléfono a radio Young y pidieron por favor una cubierta. En pocos minutos consiguieron cuatro.
Así se hicieron siempre las cosas.

***

Cómo a los creativos de Desafío al Corazón –Ernesto Depauli, de 38 años, y Fernando Seriani, de 30-, se les ocurrió que la gente remolcara una locomotora se explica en el expediente judicial de la tragedia.
Dos años después de la gestión realizada por Crevoisier, al hospital de Young le llegó el turno de participar en Desafío. Depauli y Seriani visitaron el pueblo en febrero de 2006 y se reunieron con el nuevo director del hospital, Juan Pablo Apollonia, y su comisión de apoyo. Los locales sugirieron realizar una prueba con caballos, pero eso no convenció a los capitalinos. Depauli y Seriani recorrieron Young y, al ver las vías del ferrocarril, se inspiraron.
De regreso en Montevideo, Depauli le envió un mail a Apollonia:
"Te mando el desafío que pensamos (...): un grupo de personas de Young deberá arrastrar un convoy formado por un vagón de tren, un camión y un tractor, con los motores apagados, una distancia de por lo menos 56 metros, utilizando una cuerda o similar. Es importante que sea un vagón de pasajeros porque es mucho más vistoso. Cuantas más personas haya, mejor, cuanto más larga sea la cuerda, mejor. Si pueden conseguir una locomotora, mucho mejor".

***

Young hierve en verano. Los tanques de agua se recalientan tanto que, en el hotel, incluso de la canilla fría sale un líquido que quema.
La ciudad nació alrededor de una estación de tren, en una de las zonas agrícolas más ricas del país. El intenso movimiento de carga dio origen al pueblo, en medio del campo. "Acá no tenemos río, ni nada parecido. En otros lugares la gente sale a caminar por la costanera. Acá se mira mucha televisión", dice Ricardo Fontana, empleado del canal de cable local.
Uno de los programas más vistos en Young era Desafío al Corazón. Alba Lemes, 68 años y herida en la tragedia, cuenta: "Todos lo mirábamos. Es tan lindo". Lemes habla en su pequeño living, con el televisor encendido. Participar en Desafío le costó siete costillas fracturadas, el omóplato partido en tres, el peroné quebrado, una fisura en el tobillo, lesiones en el hígado y 300 centímetros cúbicos de sangre del pulmón. Estuvo a punto de morir y aún le duele, pero dice que volvería a hacerlo todo de nuevo.
Jonathan Muñoz, que tenía 14 años cuando la televisión visitó el pueblo, tampoco se perdía Desafío al Corazón. "Siempre lo mirábamos", relata su madre, Ivanna Gómez, en la puerta de su mísero rancho de madera. "Jonathan se ponía muy contento cuanto se cumplía una meta".
Ivanna es fuerte. Sólo al recordar lo bien que Jonathan jugaba al fútbol, y que unos días antes del programa lo había contratado San Lorenzo, el campeón local, las lágrimas asoman a sus ojos.


***

Cuando Apollonia, el director del hospital, recibió el mail en el que los creativos del programa le proponían remolcar un tren, un camión y un tractor, respondió en otro mensaje: "Nos parece una muy buena idea".
En ese mail, Apollonia le sugirió al canal que sería mejor tirar de una locomotora y dos vagones. El canal aceptó. El director cambió también el objetivo del "desafío": había reparado tres viejas ambulancias y ahora quería dotar de calefacción al hospital. Necesitaba 30.000 dólares.
"El frío en invierno es terrible", cuenta. "Compré estufas eléctricas, pero se rompían porque no están hechas para estar prendidas todo el día".
Apollonia es enfermero. Fue designado director del hospital por el Frente Amplio, la coalición izquierdista que gobierna Uruguay desde 2005. Admite que la calefacción debería se provista por el Estado, pero no culpa a la actual administración. "Los gobiernos anteriores dejaron caer los hospitales. Las cosas no pueden cambiar de un día para otro y yo no puedo esperar a que el Estado tenga plata".
Cuando se le hace ver que una cosa es recaudar fondos para un hospital haciendo sorteos y otra es que la gente tire de una locomotora en la televisión, Apollonia lo acepta. "La idea fue de la anterior comisión de apoyo. Cuando llegó la propuesta, yo tenía que decidir... y me enganché".

***

La noticia entusiasmó porque combinaba dos pasiones de Young: la televisión y el hospital.
"Hay una identificación muy fuerte con el hospital", explica Apollonia. "Hasta hace pocos años, cuando abrió un sanatorio privado, aquí todos nacían y morían en él. El programa iba a permitir demostrar el cariño que se le tiene".
Yolanda Faccio, a quien la locomotora le arrancó un brazo, se sintió feliz al enterarse. "Yo miraba el programa siempre. ¡Y que emoción cuándo dijeron que venían a Young!". Faccio sonríe mientras levanta la manga izquierda de su blusa para mostrar su muñón.
Una vez aceptado el "desafío", Canal 10 se desentendió de toda la organización. Por norma, el canal sólo graba las pruebas, pone los conductores y vende la publicidad. Los televidentes, conmovidos por los "desafíos", son los que llaman por teléfono para donar el dinero. Organizar, conseguir lo necesario para cumplir con el reto, solventar los gastos, todo corre por cuenta de la institución necesitada. Son las reglas de la televisión "solidaria".
Lo primero que hicieron Apollonia y la comisión de apoyo fue gestionar una locomotora ante el Ministerio de Transporte y AFE, la ferroviaria estatal. La consiguieron, sin demasiadas preguntas ni condiciones.
También eligieron a la profesora de educación física Adriana Borba, de 44 años, para dirigir la "cinchada", como se llama en Uruguay al acto de remolcar un objeto con cuerdas.
Como Borba no sabía cuánta gente se necesitaba para arrastrar un tren, propuso llamar al pueblo vecino de Algorta porque allí, una vez en una fiesta popular, habían remolcado siete vagones. La llamada la hizo Gustavo Meyer, secretario de la Junta de Young, el gobierno local, pero no permitió aclarar nada. Interrogado por el juez, Meyer afirmó: "La secretaria de aquella junta no tenía mucho conocimiento, no sabía cuántas personas habían cinchado (...) No pudimos saber eso".
Borba dio otra versión en el juzgado. Dijo que de esa llamada concluyó que se necesitaban 60 personas para tirar de la locomotora. Para obtener 80 voluntarios (los titulares y 20 suplentes) invitó a empresas e instituciones locales. Los bomberos, por ejemplo, comprometieron diez "cinchadores".
El número exacto de personas necesarias para remolcar el tren nunca quedó del todo claro. No hubo cálculos científicos ni ensayos. El pastor Gustavo Muñíz, un religioso luterano que se entusiasmó con el "desafío", llegó a creer que se requerían "por lo menos mil personas", relata hoy Marina, su esposa.
Mientras tanto, Apollonia y los integrantes de la comisión se entrevistaron con el comisario Julio Sosa, jefe policial del pueblo. Hay dos versiones opuestas sobre la reunión: según Apollonia, el comisario aseguró que se encargaría de la seguridad del "desafío". Según Sosa, él sólo aceptó controlar el "orden público" pero no la seguridad de la prueba televisiva. Un integrante de la comisión de apoyo que participó de la reunión le dijo al juez que Sosa advirtió que, como mucho, podía aportar ocho agentes.
Apollonia y Sosa acordaron, eso sí, que un grupo de desempleados, integrantes de un plan laboral de emergencia que reciben del Estado el equivalente a 112 dólares por mes a cambio de trabajos poco calificados, ayudarían a controlar la seguridad.

***

Nada fue tan publicitado en Young. Los escolares pintaron decenas de carteles. Se pusieron pasacalles en las principales esquinas. Se avisó en la prensa del pueblo. Los organizadores fueron entrevistados en cada programa periodístico local. Se abrió una página en internet para que participaran los younguenses emigrados. Y, con la melodía de un viejo aviso televisivo de salchichas, se compuso un jingle que se irradió una y otra vez con altoparlantes: "No se quede en casa / Ni en la oficina / Venga usted y la vecina / Venga usted y la vecina / Vengan todos y todos juntos lucharemos / Y la meta cumpliremos".
La constante apelación a la palabra "todos" hizo que muchos creyeran que cuánta más gente "cinchara" del tren, mejor.
Pese a su imprecisión, la campaña publicitaria fue un éxito a la hora de generar expectativa. Cuando llegó el día, el entusiasmo era enorme. En la calle algunos se saludaban diciendo "todo por el hospital"; esperaban que por fin llegara la hora. Yolanda Faccio estaba segura: ella tiraría del tren. Ramón Bacino, que trabajaba en una hacienda fuera del pueblo, le anunció a su esposa que viajaría especialmente para ayudar al hospital. Yamila Racouky, de 15 años, quería estar ahí. "Era algo nuevo, acá nunca pasan cosas así", dice. Yamila pensó en invitar a la "cinchada" a Jonathan, su compañero de liceo, el chico que jugaba bien al fútbol. El pastor Muñíz también se despertó ilusionado y le preguntó a Marina, su esposa:
-¿Qué hago? Si puedo cinchar del tren, ¿cincho?
-Sí, claro, mi amor. Si eso es lo que querés.

***

La locomotora llegó a Young a las 13 horas del 17 de marzo, una hora y media antes de la hora fijada para grabar la "cinchada".
Recién al ver con sus propios ojos esa gigantesca mole de 56.000 kilos algunos organizadores tuvieron una idea más certera del "desafío" que habían aceptado. Eduardo Quintana, un miembro de la comisión de apoyo al hospital, le dijo a María Emma Reggio, otra integrante: "¡Pah, está gorda esta muchacha! Me parece que no la vamos a poder mover".
La locomotora trajo dos vagones y cuatro empleados ferroviarios: administrativo, inspector, conductor y ayudante. Ellos no habían recibido ninguna instrucción especial de la compañía. El de mayor rango era el administrativo Héctor Parentini y su superior no le había explicado nada. "Sólo me dijo que viniera a Young a ponerme a las órdenes de los organizadores del hospital", le contó al juez.
Los ferroviarios dejaron la máquina en una de las tres vías que pasan frente a la estación, la que corre pegada al andén. Nadie ha podido explicar por qué se eligió esa vía, un detalle clave en la tragedia.
No se hizo ningún ensayo del "desafío".
Mientras la estación se llenaba de gente enfervorizada, la profesora de gimnasia Adriana Borba tuvo un breve diálogo con el ferroviario Parentini sobre cómo comenzaría la prueba. Borba le dijo a que a las 14.30 le ordenaría sacar el freno de la locomotora, pero no le dijo cómo lo haría y él no le preguntó. Parentini debía dar, a su vez, la orden a sus compañeros, que permanecerían en la cabina y manejarían el freno.
Más o menos a esa hora, el equipo de Desafío al Corazón llegó a Young. Pensaban ir a almorzar, pero se quedaron en la estación. "Vimos tanto movimiento, tanta buena onda que decidimos quedarnos a filmar", le dijo al juez Fernando Seriani, uno de los creativos del programa. "Había una euforia indescriptible, lo que vimos en Young nunca lo habíamos visto".

***

Yamila Racouky, la compañera de liceo de Jonathan Muñoz, no quería perderse eso por nada del mundo. Young no ofrece mucha diversión para los jóvenes. "Vamos al ciber, al baile, nos sentamos en la vereda a tomar mate. No hay mucho que hacer". Para peor, las últimas salidas habían terminado en peleas entre sus amigos "planchas" (adolescentes pobres y reacios al estudio y al trabajo) y los "conchetos" (adolescentes ricos).
"Acá están muy marcadas las clases sociales, es horrible", dice Yamila. Cuenta que sus amigos "planchas" salen "y como no tienen plata para emborracharse, empiezan a apedrear las casas, a insultar a la gente...". Luego vienen las riñas.
Yamila tiene sus uñas cortas pintadas de rosa. Aquella tarde pasó a buscar a Jonathan para ir a la "cinchada". Jonathan era pobre pero no "plancha". "Era muy sociable, le encantaba la gente".
En el rancho de madera donde vivía, Jonathan le dijo a Yamila que su padre no quería que fuera al "desafío". Pero ella insistió y Jonathan le mintió a su padre: le pondrían falta en el liceo si no iba. Su padre le creyó.
En la estación los chicos se encontraron con multitud enfervorizada. Estaban todos los escolares, sus compañeros de liceo, el pueblo entero. Desde los altoparlantes sonaba a todo volumen, una y otra vez, el pegadizo jingle: todos juntos lucharemos, todos juntos lucharemos. Por sobre la música, Ariel Pérez, un periodista local, y otros dos comunicadores del pueblo animaban la fiesta. Subida al tren estaba Paola Bianco, estrella de la tele, conductora de Desafío al Corazón. Jonathan se entusiasmó y le dijo a su amiga que él tiraría de la locomotora. Yamila le recordó que en el liceo les habían advertido que sólo los adultos podían, pero Jonathan no la escuchó.
Yamila también vio a muchos de sus amigos "planchas" frente a la máquina, buscando un sitio para "cinchar". "Uno de ellos dijo: ‘cuando empiece, me voy a tirar debajo de las ruedas, así me muero de una vez’". Yamila le pidió a Jonathan que se quedara, pero no hubo caso.

***

Adriana Borba, la profesora de gimnasia, le contó al juez de su vasta experiencia en conducir eventos sociales exitosos. Organizó, por ejemplo, el certamen Reina de la Piscina ante 500 personas. Pero esta vez las cosas no salieron tan bien.
Había comenzado a llover. La multitud reunida era gigantesca y no se veía ningún policía. El cordón humano que debía separar al público de las vías estaba formado sólo por los desempleados del plan asistencial del gobierno y nadie les hacía caso. Tampoco se respetaban las cintas amarillas colocadas para que la gente no se acercara al borde del andén. "Había gente que se les paraba arriba para que otros pasaran. Yo los vi", cuenta María Emma Reggio, integrante de la comisión de apoyo. Una multitud se apiñaba al borde mismo del andén y cientos de personas estaban en la vía, delante la locomotora.
Borba, que había previsto que cuatro cuerdas bastarían para los 60 tiradores, hizo atar otras dos. A las 14.10 convocó a los "cinchadores" a una charla para explicarles cómo debían tirar del tren, pero sólo 20 fueron a escucharla. Ella había calculado que, para no ser atropellados, todos debían ubicarse a más de diez metros de la locomotora. Pero según Francisco Lafourcade, que participó de esa reunión, ese dato no les fue comunicado. "En ningún momento se nos explicó a cuántos metros de la locomotora debíamos estar", le dijo al juez. "No nos dijo cómo iba a dar la orden, pero sí que íbamos a empezar a las dos y media". Borba también les advirtió que si uno caía, los otros tenían que levantarlo rápido. Por seguridad, la profesora quería que los bomberos fueran los "cinchadores" más cercanos a la locomotora, pero ellos entendieron lo contrario y se ubicaron en la punta de las sogas, los más alejados de la máquina.
El jingle sonaba a todo volumen, los escolares cantaban, los animadores decían que Young podía, la gente aplaudía. Pasadas las 14, Seriani, uno de los productores de Desafío al Corazón, llamó a sus compañeros a Montevideo. Quería que escucharan el bullicio, le dijo al juez: "Era hermoso el ruido".

***

María López, empleada de comercio, se emocionó en la estación. Pensó: "Este pueblo es muy individualista, pero acá estamos todos juntos para ayudar al hospital".
Casi todos en Young se definen como solidarios e individualistas al mismo tiempo. Y en la estación se notó: muchos querían ayudar al hospital y decidieron "cinchar", aunque sabían que no debían.
Pasadas las 14.10, cientos de personas buscaban tomar un pedacito de cuerda y así poder participar de la "cinchada", ayudar al hospital, salir en la tele, demostrarle a todo Uruguay que Young existe. El entusiasmo era indescriptible. Los que estaban frente a la máquina llamaban a sus amigos que permanecían en el andén para que bajaran a tirar.
Adriana Borba revive hoy la desesperación que comenzó a ganarla en esos momentos. "Todos manotearon las cuerdas. No estaba previsto. Eran las ganas de ayudar, de decir yo estoy, yo estuve, yo tiré. Les pedí que salieran y nadie me hizo caso. Me pasaron por arriba".
Selva Carballo, de 57 años, no había pensado participar, pero allí le vinieron ganas. "Todo era una fiesta, y como nadie me dijo nada y como veía que otros lo hacían yo fui a cinchar y le dije a unas conocidas: vengan, vengan".
Alba Lemes, la mujer de 68 años que se partió siete costillas, el peroné y el omóplato en tres, bajó a las vías y tomó una de las cuerdas junto con su amiga Silvia Porcal. Se sentía feliz. "Era tanta la euforia, la algarabía". Lemes todavía recuerda cuando Jonathan se acercó y les dijo: "Señoras, ¿no me dejan agarrar la cuerda acá?".

***

Algunos percibieron que las cosas no iban del todo bien. El ferroviario Héctor Parentini advirtió a los organizadores que existía un desnivel peligroso en el piso, bajo los durmientes y contra el andén, donde se iba a realizar el "desafío". Apollonia, el director del hospital, llamó a la comisaría para protestar por la ausencia de policías. Susana Estigarribia, otra profesora de educación física, sacó de las vías a varios chicos y a un adulto que quería tirar del tren con una niña en brazos. Sin embargo, nadie propuso detener la prueba.
"Había gente que decía ‘esto va a terminar mal’, pero la inmensa mayoría de los que estábamos viviendo esa fiesta no nos queríamos dar cuenta", lamenta Ariel Pérez, el periodista local que animaba de la jornada.
En las vías, tomando las cuerdas frente a la locomotora, había ancianos, enfermos, rengos, mujeres con tacos, chicos en hawaianas. A Eliseo Silva, de 57 años, que tenía un by pass, una amiga le dijo "vos no podés tirar", pero él no hizo caso y se quedó allí con su esposa. En total, unas 400 personas estaban listas para remolcar el tren.
Faltaban quince minutos para la hora fijada, las 14.30. Pero muchos ya estaban "cinchando".
El pastor Muñíz le decía a la gente a su alrededor: "no tiren, no tiren, todavía falta", y no le hacían caso. Las cuerdas estaban tensas, pero la locomotora no se movía porque tenía el freno puesto. "Ojalá caiga una lluvia muy fuerte para que cinchen sólo los que tienen que cinchar", pidió el pastor. Pero el cielo no lo escuchó.

***

Quién y cómo debía dar la orden para comenzar la prueba es el punto clave del caso judicial. Los funcionarios de Canal 10 dijeron que la orden la darían ellos. El director del hospital, Apollonia, sostuvo que hizo alquilar el mejor equipo de audio de Young para que todo el mundo escuchara la orden. La profesora Borba dijo que ella iba a impartir la orden con un megáfono y una señal a Parentini, que iba a estar sobre la locomotora. Parentini, el ferroviario que debía indicarle al conductor cuándo sacar el freno, no estaba arriba de la máquina, sino abajo, entre la multitud enloquecida. Él esperaba la orden de Borba, pero no sabía cómo se la iba a dar.
Parentini miraba a Borba, que iba y venía entre la muchedumbre enfervorizada.
Borba intentaba sacar de las vías a los no que debían tirar. Se había juntado tanta gente que, en lugar de diez metros entre los "cinchadores" y la locomotora, apenas había dos. "¡Suelten la cuerda", gritaba, pero nadie le hacía caso. Faltando unos doce minutos para la hora fijada, decidió ir a buscar el megáfono, que tenía una colega. Quería avisar a todos que la prueba así no comenzaría. No se le ocurrió recurrir al poderoso equipo de audio que seguía atronando el jingle (¡todos juntos lucharemos!) y el aliento de los conductores (¡vamos que podemos!).
Por fin Borba encontró el megáfono. Eran las 14.20. La profesora gesticula mucho cuando cuenta su historia. Es posible que en aquel momento de nerviosismo también gesticulara. Ella jura que no hizo ninguna seña, pero Parentini dice que sí, que toda la gente empezó a gritar "¡Vamos!" y que entonces vio a Borba hacer la señal que estaba esperando. Faltaban diez minutos, pero el ferroviario dice que a él nadie le dijo la hora exacta en que comenzaría la prueba. "Estaba toda la gente tirando y era un grito unísono ‘vamos, vamos’ y todos tiraban. Primero fue el grito y luego la señora me levanta la mano", dijo Parentini en el juzgado. "¿Qué más se podía esperar? Yo interpreté que la señora me daba el o.k."
Entonces le dijo al maquinista que sacara el freno.

***

La locomotora arrancó. Borba dijo: "la puta que lo parió, ¿quién dio la orden?". La gente del canal prendió las cámaras. El conductor Ariel Pérez, dudó un instante. Sabía que no era la hora fijada, pero no quiso arruinar el momento así que gritó, según quedó registrado en un video aficionado: "¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos que se puede! ¡Sí, sí, sí!".
La alegría duró poco. Cuando Pérez pronunció su quinto "vamos", ya
había ocurrido todo lo que tenía que ocurrir.
Tanta gente tiró de las cuerdas que la máquina arrancó a una velocidad impensada. Los rieles mojados potenciaron el efecto. Los que estaban demasiado cerca debían correr para que la locomotora no los alcanzara; había niños, viejos, gente en sandalias. El desnivel que había marcado Parentini fue una trampa mortal. Allí resbaló y cayó una mujer que tiraba de la soga más cercana al andén. Fue el fin de la fiesta: los que venían detrás empezaron a caer, uno arriba del otro. La máquina se acercaba y ellos no podían salir de la vías porque el andén les impedía rodar o tirarse al costado. "Corríamos, pero alguien se cayó y no nos dio tiempo a nada", dice la abuela Lemes. "La locomotora era una plumita y cuando nos quisimos acordar fue horrible", recuerda Selva Carballo.
Unos fueron aplastados por el gentío, otros destrozados por la máquina.
"Una multitud cayó encima mío", recuerda Silvia Porcal. "Yo sentía que la columna se me quebraba y las costillas se me clavaban en los pulmones. Era un dolor horrible. Sentía también como el tren iba chupando gente. Yo gritaba ¡auxilio, auxilio! Pensaba que me estaba muriendo. No tenía aire. La conciencia se me iba. Me prendí a la tierra para que el tren no me chupara, el cuerpo se me retorcía..."
A Yolanda Faccio la embistió la locomotora. "Vi que se me venía encima, venía más rápido de lo que yo podía avanzar, me caí y me levanté sin el brazo", relató en el juzgado.
Parada en el andén Yamila Racouky, la amiga de Jonathan, vio cómo de golpe todo quedó en silencio. Vio a una mujer sin un brazo y una amiga que estaba con ella, sobrina de Yolanda Faccio, empezó a llorar.


***


Ariel Pérez, el animador, quedó mudo. "Vi salir a una persona caminando sin un brazo, no me olvido más. Al rato vino alguien y me dijo: ‘Un desastre lo que hicieron. Hay gente muerta ahí abajo’".
Pensó que le tomaban el pelo, pero no. Había muertos, sangre, pedazos de cuerpo.
El pastor Muñíz había muerto. Eliseo Silva, el hombre que quiso tirar a pesar de tener un by pass, había fallecido de un infarto al ver como la máquina mataba a su esposa. Ramón Bacino, que había venido especialmente a "cinchar" por el hospital, había muerto. También el ex comisario Elbio Recoba, de 77 años, y Selva Real, de 56. A Jonathan Muñoz la locomotora lo había abierto al medio. Había heridos graves como Faccio, Porcal, Lemes, Carballo y una anciana irreconocible por las laceraciones sufridas.
Panchito Portela, de 14 años, que jugaba al fútbol con Jonathan, no soltaba el cuerpo de su amigo. Cuando sonó su celular y su madre le preguntó dónde estaba, él respondió: "Mamá, estoy al lado de Jonathan y la gente está loca. Dicen que está muerto y está sólo dormido".
Mientras algunos alejaban a los niños, el rescate era caótico. No había camillas ni ambulancia. Alguien consiguió unas tablas y, sobre ellas, los heridos fueron llevados al hospital por el cual se había hecho el Desafío al Corazón.

***

Néstor Díaz es dueño de una inmobiliaria frente a la estación. Pensaba cerrar a las 14.30 para ir a la "cinchada", pero no le dieron tiempo. A las 14.20 empezó a llegar gente llorando y pidiendo agua para los heridos. "Me puse nervioso por mi esposa y mi hija, que estaban allí. Por mi madre no, con casi 80 años, ¡qué me iba a imaginar!".
La mujer y la hija de Díaz estaban bien, pero su madre era la anciana irreconocible por las heridas. Agonizante, Ramona Gallay logró balbucear su nombre y así supieron quien era.
Ni bien Díaz llegó al hospital supo que había pasado algo muy malo: "todo el mundo lloraba, hasta las enfermeras lloraban, la situación las había superado totalmente". La madre de Jonathan también estaba ahí. Había ido a donar sangre para los heridos y le informaron que su hijo había muerto.
Díaz no encontró a su madre. "La habían trasladado porque estaba muy grave. El tren le había abierto el cráneo, le había borrado la cara, le había destrozado todo un lado del cuerpo".
Ramona Gallay, de 79 años, murió dos días después. Fue la octava víctima fatal del Desafío al Corazón.

***

Canal 10 dio la primicia. Apollonia, el director de hospital, dijo en la pantalla que lo ocurrido era fruto del "entusiasmo que se contagia cuando estamos todos juntos por un esfuerzo común". El juez de Young, Mario Suárez, afirmó: "fue un accidente".
El 18 de marzo seis víctimas del Desafío fueron enterradas en Young. Canal 10 llevó allí a todos sus famosos y muchos en el pueblo aprovecharon para pedir autógrafos.
En el cementerio, el sacerdote Fernando Pigurina, principal de la Iglesia católica local, dijo que todo había ocurrido "por un exceso de amor, no le busquemos más vueltas. La gente quiso dar tanto que dio todo". Una monja definió a los muertos como "mártires de la solidaridad".
Ese fin de semana, un vecino rico donó los 30.000 dólares que el hospital necesitaba.
El 2 de abril Canal 10 emitió un programa llamado Todos por Young. Los televidentes donaron 100.000 dólares: las familias de los muertos y heridos graves recibieron unos 7.000 dólares cada una (1).
El municipio le dio un empleo al padre de Jonathan, que era desocupado.
Psicólogos de Montevideo llegaron para atender a la población, que estaba en shock. Apollonia, Borba, los integrantes de la comisión de apoyo al hospital, todos estaban entre la gente más querida del pueblo, al igual que muchos de los muertos. Comenzó a ganar terreno la versión dada por la televisión y por el sacerdote Pigurina: no había culpables.
En la prensa y en especial en la televisión, la tragedia pronto perdió espacio. Durante algunas semanas, Canal 10 no se pronunció sobre la suerte que correría Desafío al Corazón. Ya tenían grabado otro programa, en apoyo del hospital de la ciudad de Tacuarembó. En él un "mentalista" manejaba un auto con los ojos vendados entre gente sentada en la calle. También partía de un machetazo una sandía en la cabeza de un voluntario.
El 21 de marzo, los fieles de una iglesia evangélica de Young oraron para que Desafío no fuera sacado del aire.
El programa volvió el 25 de abril, aunque nunca se emitió el capítulo grabado en Tacuarembó.

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En el juzgado del pueblo se inició la investigación penal de la tragedia. Pero al revés de lo habitual en estos casos, en Young hubo una cruzada para que no se hiciera justicia. La encabezó Silvia Sosa, de 46 años, viuda de Ramón Bacino, muerto en el Desafío. Sosa visitó a cada familia alcanzada por la tragedia y les pidió que firmaran una carta para que la Justicia abandonara el caso. Sosa lleva una gran cruz en el pecho. Dice que superó lo que le tocó vivir gracias a la fuerza de Dios y muchos amigos. "Quedate tranquila que Ramón estaba feliz cinchando", le han dicho algunos que estuvieron allí.
-¿Por qué hizo la carta?
-Acá no hay culpables. Nadie tiene que ir preso, porque en todo caso todos tendrían que ir. Si alguien iba preso, iba a ser muy triste. Los involucrados son gente muy querida. ¿Yo me iba a sentir mejor si iban presos? No, me iba a sentir peor. Ramón nunca volverá.
-¿Nunca piensa por qué ocurrió la tragedia?
-Sólo una vez, el mismo día. Después me mentalicé para no hacer ningún drama. Hace 25 años que soy catequista, no puedo echar por tierra todo en lo que yo creo. Sé que Ramón está bien, murió por otros, para salvar vidas. Siento tristeza, pero una gran paz interior. No podemos vivir buscando culpables. Sucedió, se terminó.
Los padres de Jonathan firmaron. "Fue un accidente. No se puede culpar a nadie, porque fuimos todos culpables", dice la madre, que ni siquiera estuvo en la "cinchada". "El padre Pigurina fue el portavoz de la comunidad. No vamos a hacerle juicio a nadie. Acá siempre se necesita del hospital y Canal 10 quiso ayudarnos, ¿cómo vamos a hacerles algo así? Y por más plata, a mi hijo no me lo van a devolver".
También firmaron la familia de Ramona Gallay y la mayoría de los heridos, como Faccio, la mujer que perdió su brazo.
El juez Suárez jura que nunca recibió un pedido así en su vida.

***

La carta promovida por Silvia Sosa no fue firmada por los hijos del matrimonio Silva, la familia del ex comisario Recoba, la viuda del pastor Muñíz, ni por Silvia Porcal, una herida grave. Ella sabe lo difícil que es sostener en Young una verdad distinta a la oficial. El 23 de marzo su esposo Pablo Benítez y la abogada Jacqueline Portela anunciaron una demanda civil contra los organizadores por el daño que ella había sufrido. Porcal, que trabajaba como empleada doméstica, se quebró tres vértebras lumbares, dos costillas y tuvo fracturas expuestas de tibia y peroné. Estuvo cuatro meses enyesada de pies a cabeza. Pasó el peor día de su vida cuando la pusieron en un aparato llamado "la cruz de Cristo" para enyesarla. Aún no puede trabajar.
La noticia provocó una ola de repudio en Young. "No querés al hospital", le decían a Benítez. "A vos nadie te obligó a cinchar", acusaban a Porcal. Una radio local los criticó con saña y el asunto terminó sólo cuando Porcal llamó a la emisora desde el sanatorio en el que estaba internada y dijo que no haría ningún reclamo.
Benítez, un obrero metalúrgico, está indignado. "Si yo hubiera provocado una tragedia así, estaba preso en una tarde. ¡Que no hay culpables! Es fácil hablar, pero Silvia no va a poder trabajar más".
Silvia Porcal, de 38 años, cuenta que pasó de trabajar todo el día a estar en la casa de sol a sol. "Estoy despierta a las dos, tres de la mañana y el accidente me vuelve: siento el ruido, el dolor. Me miro mucho al espejo: hay veces que pienso ‘estoy toda vieja, rota, quebrada: ya no sirvo para nada’".
La abogada Portela aún les aconseja demandar y ellos lo creen posible. "¿Dónde estaba la policía?", dice Benítez. "¿Cómo dejaron tirar del tren a un nene de 14 años? Dicen que los muertos fueron ‘mártires de la solidaridad’ ¡Cómo van a ser mártires! ¿Fueron ahí a morir? No, fueron a colaborar y encontraron la muerte por la desorganización. Hubo negligencia... ¿nadie va a hacer un mea culpa?"

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"Tu madre es una hija de puta", le dicen a Panchito en la escuela. Panchito es el chico que lloraba al lado del cuerpo de Jonathan. Su madre es la abogada Portela.
"Me siento vapuleada. Es triste ver que la gente que uno conoce es tan ignorante", dice la abogada. Cree que en Young nadie dice lo que piensa porque la Iglesia es poderosa y hay mucho miedo.
"El cura Pigurina realizó una campaña a favor de quienes organizaron el evento. Obvió las leyes y le lavó el cerebro a los younguenses. Hizo reuniones en las que se decía que hay que olvidar. Pero no puede ir contra el derecho de las personas que deben ser reparadas por un evento que les cercenó las vidas".
Portela critica a Canal 10 por proponer un desafío tan inútil como riesgoso y a los organizadores por realizarlo sin la mínima seguridad. Según ella, haber creado esa mezcla de fervor incontrolable y desinformación provocó la catástrofe: "El jingle fue tan irradiado que hoy los niños lo siguen cantando. La gente creía que todos tenían que ir a cinchar. El jingle lo repetía todo el día: tiremos todos, tiremos todos".

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Apollonia, el director del hospital, dice tener la conciencia en paz.
Mientras toma mate, sostiene: "Una comisión de apoyo de un hospital de un pueblo chico no tiene más remedio que hacer las cosas artesanalmente. Todo lo que estaba a nuestro alcance, se hizo. Hubo un entusiasmo colectivo ingobernable, sin explicación racional".
A la profesora Borba no le molesta pasar por el lugar de la tragedia. Piensa que preverla hubiera sido como anticipar el atentado contra las Torres Gemelas. "Todavía no puedo encontrar una explicación lógica. Actuaron por sentimientos. La gente estaba totalmente eufórica. Era una gran fiesta. Creo que sí hubiera habido más gente cuidando, también los hubiesen pasado por arriba".
El mea culpa que quiere Benítez no existe. Apollonia sigue siendo el director del hospital. Sosa, el jefe de policía del pueblo. Borba dirige el sindicato municipal. Los miembros de la comisión de apoyo al hospital son los mismos. Los que tuvieron la idea de remolcar una locomotora siguen en Canal 10, pensando nuevos éxitos.

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El cura Pigurina fuma en pipa. Mientras una veterinaria atiende a su perro basset, dice que tiene ideas opuestas sobre programas como Desafío al Corazón: no deberían existir, pero si no existieran ¿quién atendería demandas como la del hospital de Young?
Sabe que la televisión exacerbó el entusiasmo del pueblo: "Era una forma de decirle al Uruguay: ¡acá están los younguenses!". Y cree que, de un modo aciago, ese objetivo se cumplió, que hoy los uruguayos –incluso el mundo- ven con respeto y admiración a Young por su reacción ante la tragedia, por "haber conservado la unidad, no culpar gente, defender que fue un accidente, estar de acuerdo en que a los que participaron y a los que murieron los animaba la buena intención".
Cuando se le pregunta si aún cree que todo pasó por "exceso de amor", responde: "No sé si hoy usaría la misma expresión, pero sí hay mucho amor por el hospital. Ese amor en exceso provocó el desastre organizativo que disparó la tragedia".
El sacerdote admite que no es fácil que alguien en Young se atreva a pedir responsabilidades, cuando la mayoría exige lo contrario. "Se cerraron filas en torno a una interpretación y zafar de ella es muy difícil. Hay una presión interna, que no es violenta, pero es muy fuerte".

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En Uruguay los jueces no pueden encausar a quienes no son acusados por los fiscales, que dependen del Poder Ejecutivo. La fiscal Silvia Blanc sólo pidió procesar al ferroviario Parentini, el único implicado que no vive en Young.
El día que Parentini fue llamado al Juzgado de Young para oír su suerte, 400 personas se reunieron allí para reclamar que nadie fuera preso. Llevaban carteles que decían "somos todos culpables". Estaban los padres de Jonathan, Yolanda Faccio sin su brazo y los otros firmantes de la carta.
En su sentencia, el juez Suárez afirmó que es evidente que Parentini no fue el único responsable de la tragedia. Por eso lo procesó, pero sin prisión. Quiso evitar la injusticia de que uno solo pagara en la cárcel lo que muchos provocaron. "Había dos o tres responsables más", dice hoy.
Como sea, nadie fue preso. En Young hubo una caravana de festejo.

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Dos hijos del ex comisario Recoba que viven en Montevideo son los únicos que hoy acusan a los promotores del "desafío" en la justicia civil, culpándolos por la muerte de su padre. Gustavo Salle, su abogado, ha dicho que Canal 10 y varias oficinas estatales son responsables. También que "la convocatoria se hizo para un fin que, en definitiva, es esencial del Estado, que no cumple" y que en Uruguay "existe una verdadera involución cultural, educativa, intelectual que también explica la tragedia de Young".
En la pequeña ciudad insisten en lo contrario. Ana Portela, periodista local y abanderada del "no hay culpables", porfía que todo ocurrió por ser un pueblo tan bueno. "De tan solidarios que somos, no nos dimos cuenta que era una barbaridad lo que íbamos a hacer".

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Ramón Díaz llora cuando recuerda a su madre, la anciana de 79 que el tren desfiguró. Sabe que hubo errores de organización, pero no quiere pensar en eso: "Prefiero proteger la vida familiar, trato de olvidar".
Díaz trabajó más de 20 años en otras comisiones de apoyo. Una vez una horda le arrebató los juguetes que repartía durante un beneficio infantil. "La gente se atropella, pierde la compostura. El día de la tragedia había gente muy acelerada, querían salir en televisión. Había muchos jóvenes que no tienen nada que perder, esos que pelean todas las noches sólo para hacerse notar...Y muy poca guardia policial. Los organizadores se quedaron cortos, pero no fue adrede. Los que participaron se sienten culpables y yo también. Con mi experiencia pude haber ayudado".

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Ariel Pérez, el animador que gritó "Vamos, vamos" cuando el tren arrancó, ahora trabaja en Montevideo. Muchas veces allí escuchó que la gente, al ver el video de la tragedia y oír sus gritos, comenta: "A ese tipo hay que matarlo".
"Mi trabajo era ése", explica. "Si hay culpables somos los 3.000 o 4.000 que estábamos ahí. Todos vimos que eso estaba mal hecho: cinchar una locomotora con los rieles mojados, con niños... era una prueba hecha por el hospital y ni siquiera había una ambulancia. Todos lo vieron: las autoridades, la gente del Canal 10 y nadie reaccionó. Yo lo vi y no me di cuenta. Yo fui uno de los que estuvo en la gran masacre que hicimos, y me duele".
El dolor no deja vivir a Ruben Muñoz, el padre de Jonathan. "No lo puedo aguantar", le dijo a un diario. En su rancho se apilan los ladrillos que compró para levantar una casita con el dinero que le dieron.
Yamila Racouky cuenta que la tragedia cambió a sus amigos: uno se está construyendo una casita, otro se puso a trabajar, ella quiere irse a estudiar a Montevideo.
Marina Rodríguez, la viuda del pastor Muñíz, una argentina de 34 años, pensó en irse, pero se quedó. "Fue doloroso, pero a mis hijas Young les habla de su papá y Buenos Aires no". Llora cuando cuenta que suele ir a la estación a "hablar" con su esposo. No firmó la carta pidiendo el archivo del caso. "Estoy de acuerdo con que nadie vaya preso, es agregar dolor al dolor. Pero es importante que la Justicia coloque las cosas en su lugar".
Silvia Sosa, la mujer que lideró la cruzada para que la Justicia abandonara el caso, está satisfecha con lo que hizo. "Sólo quiero que esto pase de una vez. Al accidente lo trato de minimizar: ya lo minimicé todo lo que pude y voy a tratar de que desaparezca".
Yolanda Faccio tampoco quiere recordar. Tras la tragedia, siguió mirando Desafío al Corazón. Su sueño es recibir un brazo ortopédico que sustituya al que le arrancó la locomotora, y con él ir a Montevideo y aparecer, esta vez sí, en la pantalla de Canal 10.

(1) El 21 de octubre de 2015 recibí un mensaje de Julio Recoba, hijo del ex comisario fallecido en el "Desafío al corazón", informándome que su madre nunca aceptó recibir los 7.000 dólares que se le ofrecieron como recompensa a los familiares de los muertos. "Mi madre a pesar de tener hasta 2do de primaria TUVO LA DIGNIDAD DE  NEGARSE a recibir ese dinero recaudado por unos de los causantes de la masacre", dice Recoba en su mensaje.



Crónicas de sangre, sudor y lágrimas. Libro Haberkorn. Tragedia Young
Artículo de Leonardo Haberkorn
Publicado en la edición de mayo de 2007 de la revista colombiano-mexicana Gatopardo. Reproducido en el diario uruguayo La Diaria el 22 de mayo de 2007.
Este es uno de los once reportajes del autor que integran el libro Crónicas de sangre, sudor y lágrimas. 
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22.12.10

Yo sé cómo lograr un país de primera

En mayo de 2004 escribí en el suplemento que dirigía en el diario El País:
“La democracia uruguaya se basa en una regla de oro no escrita, pero que siempre se cumple.
Esta ley indica que dado un problema o crisis, los políticos y gobernantes siempre aplican una de estas tres soluciones:
a) Subir los impuestos o las tarifas.
b) Pedir dinero prestado o generar deuda.
c) Colocar un semáforo.
Es cierto que algunas veces se han ensayado otras respuestas frente a algún asunto grave —encerrar el problema en una caja fuerte, por ejemplo—, pero en general la regla de oro se cumple a rajatabla.
Uno imagina a los políticos veteranos explicándoles a los muchachos que se inician en las artes del gobierno (los que muchas veces son sus propios hijos):
—No te preocupes, siempre podrás subir los impuestos. El pueblo uruguayo es extraordinario. ¡Acá no es como en Bolivia donde por una suba de tarifas te prenden fuego el país!
O también:
—Querido hijo: nunca dudes en pedir prestado, emitir obligaciones de deuda o sacar una nueva serie de bonos. Los intereses se pagan mucho más adelante. ¡Y las generaciones futuras no votan!
El tema de la nota era la dependencia energética del Uruguay y mi evidente enojo venía de comprobar cómo los gobiernos se sucedían sin que el asunto se abordara, ya que no era fácil de solucionar mediante a), b) o c).
Lo mismo podía decirse sobre otros problemas complejos, siempre dejados para más adelante: la ineficiencia del Estado y sus desigualdades internas, la decadencia de la educación pública y del cuerpo docente, la progresiva pérdida de seguridad ciudadana, el colapso del sistema carcelario, el atraso de la Policía, la mentalidad de oficina pública dominante en el país entero, la creciente concentración de la pobreza en la infancia.
Hoy el Frente Amplio lleva ya seis años en el poder. En cuando a diversificar la matriz energética se han dado algunos pasos, pero  la mayor parte de estos problemas subsisten y algunos de ellos agravados.
Los gobiernos frentistas también se han valido de la regla de oro. Han subido las tarifas y los impuestos (sobre todo a los trabajadores), se han endeudado y, aunque Montevideo competiría con buenas posibilidades por el cetro de la ciudad más mugrienta del mundo, la colocación de semáforos nunca se detuvo.
Sin embargo, hay una novedad en la Regla de Oro.
La gran noticia de los gobiernos del Frente Amplio ha sido la inclusión de una nueva opción dentro de la tradicional fórmula con la que los políticos llevan adelante nuestros asuntos.
Ya no tenemos solo a, b o c. Ahora también tenemos d.
Uruguay hoy ahora funciona así:
Dado un problema cualquiera, se puede aplicar alguna de estas soluciones: subir los impuestos o las tarifas (a), pedir dinero prestado o endeudarse (b), colocar un semáforo (c) o…
d) Modificar el modo de evaluación del problema.
Así, por ejemplo, en 2006 se modificaron los criterios para medir la pobreza y la indigencia.
Hace unas semanas el ministro del Interior Eduardo Bonomi ante la creciente inseguridad reinante divulgó datos más basados en una nueva manera de medir los delitos. (Y provocó la renuncia del Director del Observatorio  de Criminalidad del Ministerio del Interior, el sociólogo Rafael Paternain).
Hoy tuvimos un nuevo ejemplo de opción d). El integrante del Consejo de Secundaria Daniel Guasco ante el fracaso estrepitoso de los estudiantes uruguayos en la prueba PISA propuso cambiar el modo de evaluarlos, hacerles una prueba más fácil, más adecuada a un país cuya educación es un absoluto desastre.
"Habría que ajustar las pruebas PISA o ponerlas más sobre la tierra en lo que es la educación pública y privada uruguaya", dijo a El País.
Uno puede imaginar nuevos diálogos entre dirigentes veteranos del Frente aconsejando a los muchachos que se inician en la política:
-No te ahogues en un vaso de agua. Si un problema parece muy grave, siempre encontrarás otra manera de medirlo que arroje mejores resultados.
Es el modelo Bonomi, Guasco, Kirchner, Nery Pinatto.
Recuerdo al presidente Jorge Batlle proclamando con el pecho inflamado que éste es un país serio. Y recuerdo al presidente José Mujica prometiendo un país de primera.
Sin duda Mujica lo va a lograr. Parece difícil pero es fácil. Solo tiene que cambiar la manera en que se mide la calidad de los países.
Un consejo: si empezamos a medir de abajo para arriba, llegamos más rápido.

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18.12.10

Repartiendo mejor las culpas en la historia reciente

Wladimir Turiansky, nacido en 1927, es un histórico dirigente comunista, con activa participación en la cúpula del partido y del movimiento obrero. Integró la directiva del sindicato de UTE en varios momentos, entre 1962 y 1973. Fue vicepresidente de la CNT desde su fundación y hasta que fue encarcelado por la dictadura militar. Fue diputado en la legislatura que disolvió el golpe de Estado. Estuvo preso entre 1975 y 1985. No tiene perfil de agente de la CIA.
Vladimir Turiansky escribe sobre los comunistas durante el pasado recienteEn abril, Turiansky publicó el libro Los comunistas uruguayos en la historia reciente, 1955-1991. La obra ha sido recibida con la frialdad que suele recaer sobre la mayor parte de los libros que cuestionan la historia oficial que la izquierda uruguaya ha erigido sobre sí misma, con demasiadas complicidades en la academia y la prensa.
Según esta versión de las últimas décadas, en cada uno de los azotes que el Uruguay recibió en su pasado reciente, los tupamaros, los comunistas y el Frente Amplio en general se colocan siempre como víctimas, nunca como protagonistas, jamás como corresponsables. ¿Caída de la democracia? Víctimas. ¿Violencia política? Víctimas. ¿Dictadura? Víctimas. ¿Ley de caducidad? Víctimas.
Turiansky es más honesto.
Su libro sorprende cuando habla, por ejemplo, del gobierno del colorado Oscar Gestido (1901-1967), que asumió la presidencia en 1 de marzo de 1967 y falleció en diciembre, jaqueado y angustiado por un país que aceleraba hacia el abismo.
Los jóvenes y buena parte de la prensa dan hoy por buena aquella insostenible frase que popularizó el escritor Mario Benedetti, quien dijo que Uruguay, antes de la llegada del Frente Amplio al poder en 2004, había tenido “174 años de gobiernos de derecha”.
Turiansky, en cambio, escribe que “el general Gestido no era exactamente el hombre que los sectores de derecha aspiraban a tener en la presidencia de la República”.
Cuenta: “Un poco antes de que asumiera el gobierno, una delegación de la CNT lo entrevistó en su domicilio de la calle Gabriel Pereira, en Pocitos. Era una vivienda sencilla, que Gestido no abandonó como presidente (no quiso trasladarse a la residencia oficial de la calle Suárez, y lo único que denotaba que allí, en su casa, vivía el presidente de la República, era tal vez la presencia de un agente policial en la puerta). Muy amablemente, fue su propia esposa quien le brindó café a la delegación, y allí se conversó largamente sobre el futuro gobierno y su actitud ante los trabajadores”.
Allí “quedó claro que el nuevo gobierno se orientaría a una política de diálogo con los trabajadores”.
En junio de 1967, ya con la crisis económica y política ahogando al Uruguay, el presidente Gestido, según recuerda el libro, cambió su gabinete (que abarcaba un amplio abanico político) y optó por apostar todas las fichas de su presidencia a una sola línea: el progresismo.
 “Comienzan así los llamados ‘100 días’ de gobierno de Gestido. El planteo oficial era notablemente crítico de las posturas del FMI, y las relaciones con ese organismo, que presiona descaradamente, se hacen tensas”, recuerda Turiansky.
¿Qué actitud tomó la izquierda uruguaya ante un presidente que deseaba llevar adelante un programa progresista, de desarrollo del país y opuesto al Fondo Monetario Internacional? ¿Cómo respondieron el Partido Comunista, los sindicatos y la izquierda en general a ese intento progresista?
Con una ola salvaje de huelgas y paros que se extendieron durante meses: en la prensa, en la UTE, en el puerto, en el resto de las empresas públicas, etc, etc. Turiansky cuenta que el gobierno le pidió a los sindicatos una tregua, tiempo para poder estabilizar el rumbo del país en su nueva orientación, promoviendo la industria nacional y alejándose de las recetas del FMI. Los sindicalistas, sin embargo, no se la concedieron y redoblaron su asedio. (El MLN, mientras tanto, intentaba la revolución torpedeando la democracia).
Finalmente, tras meses de creciente crisis e inestabilidad política, Gestido se vio obligado a abandonar un rumbo en el que nadie lo apoyaba. Decretó entonces medidas prontas de seguridad y volvió a cambiar su gabinete: esta vez apelando al apoyo de la derecha. Había probado gobernar hacia la izquierda, pero la izquierda le había incendiado el país.
Turiansky se pregunta si la presidencia de Gestido y su coyuntura política fue “debidamente examinada por la izquierda uruguaya, por el movimiento sindical, por las organizaciones populares”:
Y se responde: “Honestamente, creemos que no se valoró debidamente el cambio que se produjo entre junio y setiembre de 1967, y qué es lo que debía hacerse al respecto. Es que para la izquierda, para la izquierda latinoamericana era la ‘hora de los hornos’. Son los meses de la guerrilla boliviana del Che, y para un importante sector de la izquierda, sobre todo para los jóvenes, es tiempo de tomar las armas. Olvidando las propias recomendaciones del Che, años antes, en su discurso en el Paraninfo de la Universidad…”.
El libro del ex sindicalista y dirigente comunista tiene otro momento de fuerte autocrítica: la antesala del golpe de Estado.
Turiansky recuerda el apoyo del Partido Comunista a los comunicados 4 y 7 de las Fuerzas Armadas, emitidos en febrero de 1973, cuando en los hechos se inició el proceso de quiebre institucional al desconocer los militares la autoridad de los poderes legítimos del país.
Pero Turiansky cree que, aún entonces, pudo salvarse la democracia, lo que no ocurrió porque “no se encontraron los caminos de unidad y confluencia que hubieran sido necesarios”.
Los comunistas no defendieron entonces la institucionalidad
“Parece claro que se requería un viraje que colocara a la orden del día la defensa de las libertades democráticas y del Parlamento, devenido recinto de la soberanía popular, amenazado desde el Poder Ejecutivo y los mandos militares”, admite hoy Turiansky. Pero “la izquierda no realizó un viraje que era necesario”.
También lamenta que en el acto de Día de los Trabajadores de 1973 el movimiento sindical no defendiera la democracia ante el peligro cada vez mayor de un golpe de Estado. “El 1 de mayo debiera haber sido una gran movilización popular en defensa de las libertades democráticas amenazadas…”
Y concluye: “Un balance del período obligaba a examinar de manera autocrítica algunas decisiones, algunas valoraciones, algunas declaraciones”.
En el Frente Amplio se suele explicar la historia reciente de acuerdo a la teoría de los tres demonios: todos los males ocurridos en el país son responsabilidad de los militares (demonio 1), del Partido Colorado (demonio 2) o del Partido Nacional (demonio 3). Turiansky viene a admitir que las culpas están mucho más repartidas.
Más allá de aciertos y errores (y de autocríticas que faltan, como la del proceso que derivó en la Ley de Caducidad), el libro es un aporte a un mejor conocimiento de la historia reciente. Su mayor valor estriba en que Turiansky se anima a cuestionar actos y decisiones que lo implican personalmente.
Es lo opuesto a lo que hacen otros protagonistas de aquellos años: los que se aferran a ominosos pactos de silencio, y los que han torcido la historia en el afán de ser considerados los héroes que nunca fueron.
Wladimir Turiansky, preso político
Un manifestante pide por la libertad de Wladimir Turiansky,
cuando era un preso político de la dictadura, en el acto del Obelisco, el
27 de noviembre de 1983. Foto: LH



















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10.12.10

La diferencia entre Adeom y el Sunca

Durante años fui cronista sindical. Empecé en 1987 cuando trabajaba en el semanario Aquí, propiedad del Partido Demócrata Cristiano. Unas semanas antes, los sindicalistas del PDC se habían retirado del Congreso del PIT-CNT cuando los comunistas habían puesto en funcionamiento su clásica aplanadora. Por eso, como represalia, ningún dirigente comunista le hacía declaraciones a Aquí. Y, como ellos eran la inmensa mayoría en el PIT,  la cobertura gremial del semanario se había tornado una misión imposible.
La primera tarea que me encargó mi jefe fue lograr que los comunistas nos volvieran a hablar. Yo apenas empezaba en el periodismo y aquel encargo me pareció una quimera. Pero no estaba dispuesto a rendirme sin haberlo intentado antes.
Logré fijar una entrevista con Thelman Borges, poderoso dirigente textil comunista en aquel tiempo, integrante del Secretariado de la central obrera, luego devenido diputado y fallecido en 2009.
La sede del PIT-CNT estaba en aquellos tiempos en la Ciudad Vieja, en la esquina de Buenos Aires y Alzáibar, y Borges me citó en el bar de enfrente.
Cuando llegué, me estaba esperando. Junté coraje y le expliqué que era nuevo en el puesto y que lo único que quería era cubrir del modo más objetivo posible la realidad sindical, pero que eso era imposible si ningún dirigente comunista se dignaba a hablar conmigo.
Me escuchó en silencio y no dijo nada. Le volví a decir más o menos lo mismo con otras palabras. Borges se pidió un cognac. Cuando la bebida llegó a la mesa, levantó su copa y comenzó a jugar, moviendo el líquido hacia un lado y hacia otro. Sonreía. Yo aguardaba su veredicto con ansiedad. Por fin me dijo que estaba bien, que confiaría en mí y que el boicot al semanario Aquí podía darse por terminado.
A partir de ese día fui periodista sindical durante unos tres años. Y luego nuevamente entre 1992 y 1994, en el semanario Búsqueda.
Llegué a conocer bastante del tema. Estuve en casi todos los gremios (y en sus bares aledaños). Hice guardia en la puerta del Secretariado Ejecutivo demasiadas tardes. Concurrí a decenas o quizás cientos de asambleas: apasionadas, monótonas, tensas, históricas, tediosas, que terminaron a las risas y que finalizaron a los balazos. Trabé relación con dirigentes admirables por su honestidad, su sacrificio y su don de gente, y con otros más bien despreciables por su ambición, su mezquindad y doble discurso. Es falso que exista un único movimiento obrero. Hay muchos. Nunca me tragué la pastilla de que fuera lo mismo Adeom que el Sunca. No lo son.
No recuerdo si fue en 1992 o 93, pero me tocó cubrir una larga y muy tensa huelga en la construcción.
Por lo general, los obreros del Sunca van a la huelga cuando hay algo que lo amerita. Cuando paran, a diferencia de lo que ocurre con algunos sindicatos de empleados públicos, no cobran nada. Es decir: no pueden darse el lujo de parar por mera gimnasia gremial o por reclamos menores.
Cuando los obreros del Sunca detienen su trabajo el mayor perjuicio no recae sobre el ciudadano común sino sobre sus patrones, los empresarios de la construcción. Son pulseadas muy duras.
La enorme mayoría de los dirigentes del Sunca sabe que una huelga no es un chiste. Saben que no cobrarán los días parados. Saben que si el paro se prolonga demasiado tiempo, algunas de las empresas del sector, las más chicas, pueden cerrar y que, si eso ocurre, muchos obreros quedarán sin empleo. Saben que si piden más de lo que los empresarios pueden dar, muchos elegirán cerrar o dedicarse a otra cosa, y eso también podría dejar a muchos compañeros en la calle. Saber todo eso los obliga a defender los derechos de los trabajadores manteniendo siempre la noción de la responsabilidad social de su tarea. En el Sunca no se juega a la huelga.
No es lo mismo en Adeom o en otros sindicatos de empleados públicos. Para empezar: en muchos casos, no en todos, las horas paradas ni siquiera son descontadas. A veces se descuenta, a veces solo un porcentaje, a veces nada.
Pero hay otras diferencias. En la Intendencia de Montevideo o cualquier otra dependencia pública, si la huelga se prolonga mucho tiempo, no pasa nada. La Intendencia nunca va a cerrar, los municipales nunca van a quedarse sin empleo. El Banco República no va a cerrar por un paro. El Estado tampoco. A diferencia de los obreros de la construcción, los empleados públicos van a la huelga sin arriesgar su empleo inamovible.
Además, se puede pedir lo imposible, tirar de la piola con la máxima potencia, pedir cualquier cantidad, lo que sea, lo que venga, por delirante que sea.
Eso es posible porque en una huelga de empleados públicos, en la Intendencia, por ejemplo, si el sindicato pide más de lo que el patrón puede dar, la Intendencia de Montevideo no va a quebrar ni se retirará del mercado, ni bajará la cortina, ni el intendente venderá todo y se irá del país. No. Lo único que hará en ese caso el intendente de turno será subirle los impuestos a la gente para así poder pagar la cifra que los sindicalistas reclaman, sus celebradas “conquistas”.
Es por eso que el salario mínimo en la Intendencia de Montevideo, para ocho horas de trabajo en el puesto más bajo y menos calificado, para un peón cualquiera, con compensaciones incluidas, supera los 24.000 pesos, según datos oficiales. Es una cifra irreal para el mercado uruguayo, un salario que jamás ganará un peón de la construcción, una cantidad que se le “arrancó” al patrón político, porque al patrón político nunca le costó nada, simplemente le dijo que sí al sindicato y luego trasladó el costo de la “conquista” a los impuestos que paga la gente.
Siempre sentí un gran respeto y admiración por el Sunca, por los metalúrgicos, por tantos sindicatos desprotegidos de trabajadores privados. Lanzarse a la huelga en cualquiera de esos campos supone un acto de indudable coraje en el cual los obreros arriesgan todo en reclamo de lo que consideran justo.
Pero, ¿qué coraje supone ir a una huelga que no afecta al patrón, en la que no se arriesga prácticamente nada y en la que el costo siempre lo paga la gente?

Artículo de Leonardo Haberkorn
Prohibida su reproducción sin autorización del autor
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8.12.10

Trapitos al sol

Foto tomada por un lector de El Informante en la manifestación organizada por  las Redes Frenteamplistas en apoyo al gobierno. Fue el domingo 5 de noviembre en la playa Ramírez. El lema de la convocatoria fue "Sacamos los trapitos al sol". Es interesante leer lo que dicen los trapitos.

6.12.10

Carta abierta a los señores de Adeom

Tengo una duda. Si el trabajo en la Intendencia es tan malo; si está tan mal remunerado; si los aumentos no son lo que ustedes quieren, ni lo que merecen; si la “recuperación salarial” que reclaman es lenta, es baja o es nula; si los horarios no sirven; si allí se desconocen sus derechos laborales; si prohibieron el sum para hacerse el tecito de la tarde, si ahora ni siquiera los dejan ocupar el hall municipal; si no les gusta trabajar con la basura o con el público o con los animales de zoológico; si prefieren pasar más horas en la rambla o en el bar con el presidente del sindicato; si ascender por antigüedad no les parece suficiente o acaso a alguno –no creo- le da un poquito de vergüenza; si en definitiva vuestro trabajo es malo, ruin y, según ustedes dicen, muy sacrificado y poco conveniente; un empleo con patrones políticos cuasi fascistas; una labor insalubre que la gente no reconoce y más bien desprecia; una tarea que no está nada bien remunerada para los enormes esfuerzos que nadie ve pero ustedes juran que realizan; una labor gris, agria, tediosa y hasta repulsiva; que no conviene, que no vale la pena y que ya no da para más; entonces, digo yo, mi duda es: ¿por qué no renuncian y se buscan otra cosa?
Miren que se puede.

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3.12.10

Adiós a Ramón Mérica

Hoy falleció Ramón Mérica, un brillante periodista que nació en Salto en fecha imprecisa y que fue un referente para muchos y una influencia muy importante en lo que a mí respecta.
Mi tristeza tiene un único consuelo. En el prólogo de Crónicas de sangre, sudor y lágrimas, el libro que publiqué hace un año, dediqué la introducción a agradecerle todo lo que me inspiró y le debo. 
Vuelvo a publicar ahora ese pasaje de Crónicas en su honor y memoria. 


No recuerdo con exactitud cuántos años tenía. El libro se publicó en 1976, pero quizás lo leí dos o tres años después, siendo un adolescente, una tarde en la casa de la calle Ferrari. Se lo había regalado mi madre a mi padre.
Ramón Mérica, Agonistas y protagonistasLa tapa no decía el título de la obra y solo exhibía una foto en blanco y negro, algo azulada, de un viejo aparato grabador, un modelo gigante propio de los años 70, con un cassette Philips dentro. El título solo se indicaba en el lomo y no decía mucho: Agonistas y protagonistas. Era una recopilación de doce entrevistas realizadas por el periodista Ramón Mérica, todas publicadas en el suplemento de los domingos del diario El País. En ese entonces yo no conocía a Mérica.
Un día, hojeando aquel libro, descubrí que entre los entrevistados estaba la persona a quien más admiraba en el mundo: Fernando Morena, el Nando, el Potrillo, el goleador de Peñarol.
Empecé por la página 95. El impacto que me provocó aquella entrevista fue enorme. A pesar de que acostumbraba a leer el diario, en especial las páginas de deportes, nunca había visto nada igual. Lo que estaba leyendo iba más allá de todas mis anteriores lecturas periodísticas. No se parecía en nada a cualquier entrevista que hubiera conocido: Mérica se introducía en la casa de Morena, en su dormitorio, describía los posters colgados en las paredes, hablaba con su madre, contaba cómo había sido el parto del Potrillo, charlaba con su padre, con los vecinos, lo despertaba, lo subía a un Fitito, lo llevaba a la playa, lo hacía hablar de Peñarol, de Nacional, de política, de mujeres, de su madre, de cine, de sexo, de dinero. Había toneladas de información y todo eso se leía como si fuera un cuento. Era periodismo y literatura juntos, al mismo tiempo.
Había otra cosa muy impactante. Mérica lo explicaba al comienzo del artículo:

De haber salido de mi casa apenas un minuto antes, la mañana en que iba a encontrarme con Fernando Morena, esta nota hubiera sido completamente diferente. Porque fue justo en el momento de salir, y con la mano ya puesta sobre el botón para apagar la radio, que un informativista lamentó: ‘El deporte uruguayo, y particularmente el fútbol, está de duelo: acaba de fallecer el otrora ídolo nacionalófilo Atilio García…’

Ramón Mérica, periodista uruguayoMérica había tomado aquella coincidencia como una clave a seguir en su trabajo. Por eso, además de Morena, también entrevistó a la viuda de Atilio García. Y luego intercaló en el mismo artículo el resultado de las dos conversaciones. Había una proeza técnica: uno pasaba de un relato al otro sin perder nunca el hilo de la historia. Pero no era solo un alarde de virtuosismo; había allí un logro informativo de primer orden: al combinar las entrevistas, Mérica lograba explicarnos cómo había ido cambiando el mundo del fútbol desde los tiempos de Atilio García a los de Morena, el primer futbolista uruguayo que fue tasado en un millón de dólares. Y no solo eso. La combinación de las historias del recién fallecido Atilio García y el esplendor de un jovencísimo Nando Morena era también una reflexión sobre el paso del tiempo (“el Tiempo”, según Mérica lo nombra en el prólogo del libro), sobre lo efímero de la juventud, el inevitable ciclo de la vida y el ocaso de toda gloria. Todo eso gratis junto con la mayor cantidad de información que yo hubiera leído u oído jamás sobre aquel goleador que alegraba cada uno de mis fines de semana.
No sé si todo eso lo racionalicé la primera vez que leí aquella maravillosa entrevista, o luego, con los años, las decenas de veces volví a leer esas páginas memorables y a usarlas para intentar despertar  la imaginación y la pasión de los estudiantes de periodismo.
Pero sí sé que aquella lectura me marcó para siempre. De un modo, supongo que al principio inconsciente, comprendí que el periodismo podía volar alto, mucho más alto que lo habitual.
Por supuesto, luego leí muchos otros reportajes, crónicas, entrevistas que me maravillaron, empezando por la recopilación que realiza el genial cronista estadounidense Tom Wolfe en El nuevo periodismo. Pero la entrevista de Mérica a Morena fue la primera y el descubrimiento de un mundo. En todos estos años he hecho el esfuerzo por tratar de estar a la altura de esas grandes páginas. (...)
En Uruguay ya no abundan los dueños o directores de medios dispuestos a financiar el buen periodismo, las semanas de investigación y las muchas horas de fina artesanía que conlleva un trabajo periodístico realizado en profundidad, con rigor y amor por la palabra escrita. Es un proceso que comenzó hace diez o 15 años y no ha dejado de agravarse día a día. Hoy la norma es llenar los espacios de la manera más económica posible, la calidad del producto que se le ofrece al público no importa. Los resultados están a la vista.
Quienes así conciben a los medios de prensa se justifican señalando que el público no reclama calidad. Es un argumento cínico, una verdad a medias, que oculta la enorme responsabilidad que tienen estos empresarios y muchos comunicadores en el progresivo empobrecimiento de los medios y, a través de ellos, de la sociedad toda. Porque lo que no dicen es que la oferta también condiciona a la demanda. Si al lector solo se le da basura, si en el informativo de televisión solo aparecen rapiñas y choques, si los buenos periodistas son desplazados por algún gracioso y una legión de pseudo graciosos, si la mayor apuesta para conquistar al público es mostrar sangre a las ocho y culos a las diez, si en la radio solo se roban las noticias de los diarios y si en los diarios nunca se investiga nada, la gente termina por acostumbrarse. El público no puede reclamar lo que no conoce. Nadie reclamó nunca la aparición de los Beatles, ni la de Picasso, ni que alguien escribiera A sangre fría. Es imposible pedir lo que jamás se intuyó siquiera. Por eso hoy nadie exige encontrar en la prensa uruguaya un trabajo como aquella entrevista memorable de Mérica. Después de años y años de degradación de la calidad, en Uruguay ya nadie recuerda que la información, la profundidad y la calidad literaria pueden darse la mano en el periodismo. Encontrar hoy en un medio de prensa uruguayo un trabajo como aquel reportaje a Fernando Morena es una rareza extrema, por no decir un imposible.

Parte de la introducción del libro Crónicas de sangre, sudor y lágrimas.
Vale la pena leer también la crónica De cómo Ramón perdió los nombres, escrita por el periodista Gabriel Sosa, publicada en 2009 en la revista Bla y reproducida hoy en Cursos para/lelos: http://www.cursosparalelos.com/2010/12/de-como-ramon-perdio-los-nombres.html
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1.12.10

La cocinera de Rosas no inventó el dulce de leche

Lo que sigue es un fragmento del capítulo 2 del libro El dulce de leche. Una historia uruguaya, de Leonardo Haberkorn. La obra fue publicada por la editorial Atlántico Sur en octubre y puede comprarse a través de esta página.
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Investigación sobre el dulce de leche



Si uno se guiara por la versión más difundida en la prensa y en Internet llegaría a la conclusión que el primer lugar de América donde se fabricó el dulce de leche fue en Cañuelas, en la provincia de Buenos Aires, en 1829.
Esta narración, pregonada con insistencia en Argentina, se basa en una leyenda popular recogida por gastrónomos, periodistas y funcionarios, en artículos de prensa, libros y documentos oficiales. Sin embargo, no existen pruebas que la avalen. Sostiene que el dulce de leche nació un día de 1829 cuando el general Lavalle fue a encontrarse con su enemigo Juan Manuel de Rosas en la estancia La Caledonia, en Cañuelas.
(…) El mito cuenta que Lavalle llegó a caballo hasta la estancia y Rosas no estaba en ese momento. Un artículo del diario argentino La Nación relata así lo que habría sucedido a continuación:

“El cansancio que le había provocado la prolongada cabalgata hizo que (Lavalle) se recostara en un catre y se quedara dormido. Una mulata que estaba a poca distancia de allí preparando la lechada para el mate -leche caliente con azúcar- se indignó al observar que había ocupado el camastro de Rosas y fue a buscar ayuda para quitar a Lavalle de allí.
La mujer regresó en el mismo momento que llegaba Rosas a ese lugar del campamento, quien ordenó que no interrumpieran el sueño de Lavalle.
Entonces, la mulata volvió al fogón y descubrió que la lechada se había convertido en una jalea marrón. Uno de los soldados se atrevió a probarla y, según cuenta la historia, luego lo imitaron varios. Ese habría sido el origen del dulce de leche”[1].

Según documentos oficiales argentinos, esta leyenda habría sido divulgada y popularizada por la gastrónoma Emmy de Molina, quien definió al dulce de leche como el “único alimento auténticamente nacional” de su país[2].
Sin embargo, esta explicación sobre el origen del más querido de los dulces desconoce los muchos antecedentes milenarios, bien documentados, sobre la reducción de la leche con azúcar o miel (En la India, en primer lugar). Pero incluso si se refiriera solo a la elaboración del dulce de leche en América Latina o en la región, la leyenda es falsa. Cuando Lavalle y Rosas se reunieron para negociar la paz, el dulce de leche ya era un producto bien conocido en la cuenca del Plata. Existe un documento que así lo comprueba, pero cientos de gastrónomos, periodistas y funcionarios se lo han pasado inexplicablemente por alto.

***

Antes de llegar al ignorado documento es bueno recordar que la leyenda de la cocinera de Rosas ha sido refutada también desde otros ángulos.
Rodolfo Terragno, en su ya citado artículo en la revista Debate,  hace notar que un relato casi idéntico circula en Francia, solo que en lugar de la cocinera de Rosas el protagonista es un cocinero militar de los ejércitos de Napoleón. La leyenda argentina, sostiene, no es otra cosa que la trasposición de la francesa:

“Si el dulce no es un invento argentino, la leyenda tampoco es original. Fue copiada de otra, que circulaba en Francia. Allá se decía que el hallazgo (también accidental) había ocurrido durante las campañas napoleónicas. Los veteranos enrolados en las filas del Gran Corso (los grognards) recibían a diario una ración de leche endulzada y caliente. Un cocinero, a quien asustó el fragor de una batalla, abandonó leche y azúcar en la hornalla encendida y la mezcla se transformó en una crema acaramelada. De ese modo, el cocinero ingresó a la historia (francesa) como el inventor de la confiture de lait”.

El periodista y político argentino apunta que “las campañas napoleónicas terminaron en 1815: catorce años antes del encuentro entre Rosas y Lavalle. Sin embargo, eso no otorga a los franceses el copyright sobre el dulce”.
    “A mi juicio, ninguna de ambas leyendas tiene sentido”, dijo Terragno, consultado por correo electrónico para esta investigación. “Como creo que está demostrado, el dulce de leche tiene un origen mucho más remoto”.

***

Tanto la leyenda gala como la argentina son ejemplos típicos de un tipo de narración popular muy extendido en todo el mundo: el que atribuye el origen de los platos tradicionales a un descuido fortuito ocurrido en medio de un importante suceso histórico.
Magdalena Bertino, investigadora y especialista en historia económica del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, relató que en México abundan los mitos de esa variedad.
Una de esas fábulas habla del origen del mole poblano, uno de los platos más representativos de la cocina mexicana. Esta originalísima preparación consiste en una salsa que combina elementos tan diversos como ajo, cebolla y cacao que se coloca sobre piezas de pavo o guajolote, un ave local. La leyenda dice que tan extravagante y exquisito menú nació cierta vez que el virrey Juan de Palafox (1600-1659) visitó la ciudad de Puebla, de la que también era arzobispo, y en un convento local le ofrecieron un muy esmerado banquete.
Según se relata en una página web dedicada a las leyendas de México, “el cocinero principal era fray Pascual, que ese día corría por toda la cocina dando órdenes ante la inminencia de la importante visita. Se dice que fray Pascual estaba particularmente nervioso, y que comenzó a reprender a sus ayudantes, en vista del desorden que imperaba en la cocina.
El mismo fray Pascual comenzó a amontonar en una charola todos los ingredientes para guardarlos en la despensa, y era tal su prisa, que fue a tropezar exactamente frente a la cazuela, donde unos suculentos guajolotes estaban ya casi en su punto.
Allí fueron a parar los chiles, trozos de chocolate y las más variadas especias, echando a perder la comida que debía ofrecerse al virrey”.
Ya no había tiempo para cocinar otra cosa, así que el plato fue servido así. El mito dice que fray Pascual rezó mientras el virrey y los demás comensales probaban la comida. “Un rato más tarde, él mismo no pudo creer cuando todo el mundo elogió el accidentado platillo”[3].
También la creación del alimento más típico de Paraguay, la curiosa sopa paraguaya que no es líquida sino sólida, es atribuida por una leyenda a un accidente ocurrido durante un suceso histórico.
Se cuenta que el presidente Carlos Antonio López, que adoraba la sopa de harina de maíz, invitó a almorzar a un embajador extranjero y para agasajarlo le pidió a su cocinera que preparara su sopa-crema de maíz. Pero la mujer se olvidó de retirar la olla a tiempo del fuego y, cuando se acordó, el líquido se había transformado en una especie de polenta sólida.
Según la leyenda, el embajador, al ser servido con una sopa tan rara dejó de lado el protocolo y se quejó:
-¡Esto no es sopa!
Pero el presidente Carlos Antonio López, que era terco y orgulloso, habría respondido:
-Sí es sopa, es la sopa paraguaya.
Como se puede apreciar, la leyenda de la distraída cocinera mulata de Rosas y el dulce de leche es apenas una variación de una narración mítica popular que se repite en diversos rincones del mundo, siempre carente de respaldo documental.
Incluso más de una vez en la propia Argentina se ha explicado el nacimiento del dulce de leche por un relato idéntico, pero con otros protagonistas. Por ejemplo, en el año 2001 la revista Para Ti publicó: “se dice que en 1886, la señora Dolores, que vivía en Barracas, salió de su casa y se olvidó la leche sobre el fuego…”
Para el antropólogo uruguayo Gustavo Laborde, que se ha especializado en temas gastronómicos[4], la repetición de este tipo de anécdotas, responde a que muchos de quienes escriben sobre temas culinarios cometen un grave error metodológico:
“A la cocina se la suele abordar de forma equivocada. La cocina es un sistema social heredado muy parecido a la lengua. No por casualidad la lingüística es una herramienta fundamental para estudiarla. Se habla, se piensa y se cocina dentro de un sistema y se sale muy poco de él. No quiero decir que no haya invenciones aisladas, pero esas invenciones por lo general están precedidas de experiencias y conocimientos previos”.
 “Mucha gente prefiere las explicaciones anecdóticas, protagonizadas o por tontos anónimos o por genios. Pero en el caso de preparaciones tan sofisticadas como el dulce de leche o el mole, es casi impensable que sean fruto de un error”, agregó Laborde. “Los historiadores serios se cuidan mucho de aceptar las explicaciones azarosas y simplistas”.
La supuesta invención del dulce de leche en Cañuelas también ha sido rebatida desde un ángulo de pura lógica gastronómica.
Así, en el libro La cocina uruguaya, orígenes y recetas, se sostiene respecto a esta leyenda:
“El cuento suena bonito pero como es evidente (…) el dulce de leche no es producto de ningún descuido y precisa revolverse de continuo para evitar grumos”[5].
(...)

***

Pero sí existe un documento que en forma categórica demuestra que cuando Rosas y Lavalle se reunieron en la estancia La Caledonia, el dulce de leche no solo era conocido en la India, en la lejana Mongolia y en Rusia, sino también en toda la región de las Provincias Unidas, al menos en Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires y la Banda Oriental.
Se trata de una carta trascripta en su totalidad en el tomo 19 del Archivo Artigas y que la historiadora Ana Ribeiro cita en forma parcial en su obra Los tiempos de Artigas. Sin embargo, hasta hoy ha pasado desapercibida para todos aquellos que han escrito sobre el rey de los dulces y han polemizado sobre su origen.
Se trata de una misiva que el santafecino Francisco Antonio de la Torre envía en 1814 al hombre de negocios porteño Juan José Anchorena, quince años antes del encuentro de Lavalle y Rosas en Cañuelas.  Fue colocada en el Archivo Artigas porque contextualiza sucesos importantes de la época, explicó Abelardo García Viera, quien participó de su selección durante su trabajo en el archivo entre 1970 y 2005.
De la Torre escribe desde Santa Fe al próspero hombre de comercio que es Anchorena, que está en Buenos Aires. Le habla de negocios y comenta los sucesos recientes ocurridos en la Banda Oriental, donde queda claro que ambos tenían intereses.
Cuando De la Torre envía la carta ya hace tres semanas que las autoridades españolas de Montevideo se rindieron ante las fuerzas de las Provincias Unidas tras un prolongado sitio por tierra y mar. La rendición no ocurre ante Artigas o sus hombres, sino ante Alvear, jefe de las tropas porteñas.
Pero la situación política no es clara. Por un lado, las noticias son confusas. Por otro, a pesar de la victoria conjunta ante España las diferencias entre los porteños y Artigas ya están presentes y pronto llevarán a que se enfrenten en el campo de batalla. En ese contexto De la Torre escribe:

Santa Fe, Julio 12 de 1814
Muy señor mío estimado pariente:  con el que venía hecho cargo de la Tropa de Paz remitía un cajón con 570 naranjas para Bonifacia, y me lo dejó en el Paso de Santo Tomé, en poder del dependiente del Resguardo, pretextando el recargo de las carretas; de estas resultas lo dirigí en el buque Yacaré que salía para Esa (Buenos Aires) con la artillería, y debía hacer su entrega el capitán Herrera: a este se le dio la orden para que regresase con el buque a este puerto, porque los Paranases se preparaban para salir en botes a sorprenderlo, y llevaban poca guarnición los del barco.
Con esta demora me temo que se inutilicen las naranjas, y no haber cosa de provecho para reemplazarlas. En este caso (le pido) que tenga paciencia hasta el año venidero en que cumpliré mi oferta. Con don Pedro Espejo le remito seis cajas de dulce de leche, con las iniciales de su nombre y apellido por marca.
Los Paranases no quieren consentir que Montevideo se rindió a nuestras tropas: han hecho sus demostraciones de regocijo con repiques, tiros, y por haberla tomado su general Artigas, según noticias que han tenido. No creen tampoco la derrota de Torgués, y dicen que son mentiras fraguadas en Esa (Buenos Aires). El que manda en la villa es don Manuel Artigas: éste ha desarmado los dos partidos de Echeverría y Ereñú, que estaban hostilizándose fuertemente y se dice que éste solicita su reconciliación con nosotros y no dudo lo conseguiremos si Echeverría queda con algún influjo, y se dirige, como hasta aquí, don Manuel Artigas por él.
Esta circunstancia me ha obligado a no abrir venta en Esta (Santa Fe) de los efectos, por no desacomodar los cajones, y ser el primero que pase a la otra banda sin embargo que he mandado un mozo, que vaya acopiando los cueros que pueda, y libre el dinero, como negociación suya, porque aquí ya estoy desengañado que no se puede hacer negocio, a causa de ser muchos niños para un trompo. No obstante sigo haciendo mis diligencias haber si aunque sea unos pocos puedo acopiar, y remitir para obviar gastos.
Mil cosas a Bonifacia, tía, primas, don Juan Pedro y usted como guste puede disponer de la voluntad de su afectuosísimo pariente y amigo que bendice su mano
Francisco Antonio de la Torre


De la carta queda claro que:

1)    El dulce de leche ya se elaboraba en 1814. De la Torre no se detiene a explicarle a Anchorena qué es el dulce de leche, lo que evidencia que es algo tan conocido como las naranjas de las que también habla.
2)    El dulce de leche ya se comercializaba en la región en 1814. De lo contrario De la Torre no le enviaría seis cajas a Anchorena.
3)    El dulce de leche era entonces bien conocido en Santa Fe, ciudad en la que está fechada la carta, y en Paraná, villa vecina de la cual De la Torre había sido comandante en 1812 y a la cual sigue vinculado tal cual muestra su mensaje.
4)    El dulce de leche también existía en Buenos Aires, ya que Anchorena recibe allí las seis cajas que es probable que comercialice.
5)    El dulce de leche era conocido en la Banda Oriental ya que De la Torre y Anchorena también comerciaban con ella, como queda claro en la carta cuando el santafecino habla de pasar a “la otra banda”. También porque las tropas del oriental Manuel Francisco Artigas (1769-1822), hermano de José Gervasio, eran las que dominaban la villa de Paraná, tal como se explica en la misiva.
6)    Otra prueba de que el dulce de leche difícilmente podía ser desconocido en la Banda Oriental es que el propio De la Torre tenía propiedades aquí. De eso hay constancia por otra carta que el santafecino escribió en 1817, quejándose de que los orientales lo considerasen un enemigo. Esa carta dice: “Es bien público en ésta (Santa Fe) los servicios que tengo hechos al Estado en la causa pública, así como mis intereses como con mi persona, también es notorio el premio con que me han satisfecho: éste ha sido el de haberme injustamente tenido por contrario al sistema de los Orientales o al menos por sospechoso; como a tal según infiero se me ha tratado y por ello se me han confiscado mis bienes (y aún los de mis dos hijos menores) que tenía en aquella Banda, sin haberme oído, ni tampoco precedido alguna de aquellas solemnidades de derecho natural indispensables, que reclaman los derechos del hombre social…[6]

Para Abelardo García Viera, que además de su trabajo en el Archivo Artigas fue director del Archivo General de la Nación, la carta escrita en 1814 por Francisco Antonio de la Torre no deja lugar a equívocos:
“Sin dudas en esa fecha el dulce de leche ya era conocido en toda la región, se lo comercializaba y, teniendo en cuenta que estamos hablando de seis cajas, podemos decir que también se lo industrializaba”.
Entonces ¿cuándo y en qué lugar de la región comenzó a fabricarse antes el dulce de leche?
Posiblemente eso no se sepa nunca con exactitud y no tenga mucha importancia.
Respecto al cuándo, la historiadora Alba Mariani, que ha investigado la evolución de la vida cotidiana en el Uruguay antiguo, cree que el dulce de leche comenzó a elaborarse en el período colonial tardío, cuando España había flexibilizado las normas comerciales y el azúcar proveniente de Brasil llegaba más y a mejor precio.
Respecto al dónde, es posible que haya ocurrido en varios sitios a la vez. La idea de que un plato de cocina nació en determinado lugar y desde allí se fue expandiendo a otros no suele corresponderse con la realidad, explicó el antropólogo Gustavo Laborde, especialista en temas culinarios.
El dulce de leche llegó a nuestro continente tras un largo viaje de miles de años. Llegó de la mano de recetas que trajeron los europeos y que habían evolucionado a través de los siglos de las primeras reducciones de leche con azúcar practicadas en la India.
En cada lugar donde llegó, los cocineros locales le dieron su toque, pero basándose en los conocimientos anteriores. Y eso también debió pasar aquí. “La cocina es un sistema social heredado, como el idioma. Y una persona puede incluir modificaciones en él, pero nunca tan grandes como para dejar de ser comprendido”, explicó Laborde. “La cocina también tiene gramáticas. Y por eso las cocinas, como las lenguas, siempre son regionales”.




[1]  Ximena Linares Calvo, La Nación, 13 de noviembre de 2004
[2] Plan de Promoción Sectorial, análisis estratégico, sector Dulce de Leche. Fundación Exportar. Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, Subsecretaría de Política Agropecuaria y Alimentos, Dirección Nacional de Alimentación de la República Argentina. Mayo de 2004. Disponible en http://www.exportapymes.com/fundacion-exportar/dulce-de-leche-argentino.pdf
[3] http://www.redmexicana.com/leyendas/molepoblano.asp
[4] Su tesis de graduación es una investigación sobre el asado.
[5] El libro, una obra de varios autores, fue publicado en 2008, como una edición de la revista Placer a iniciativa de la Cámara de Representantes del Parlamento nacional.
[6] Esta carta es citada por Sonia Tedeschi en su trabajo La villa del Paraná y la ciudad de Santa Fe; vínculos, interacciones e influencias en un área fronteriza (etapa colonial hasta 1824). Disponible en: http://www.fee.tche.br/sitefee/download/jornadas/2/h4-17.pdf La carta se encuentra en el Archivo General de la Provincia de Santa Fe, Cuaderno 1º. Acuerdos del Cabildo de Santa Fe, documento no foliado perteneciente al año 1817.

Fragmento del capítulo 2 del libro El dulce de leche. Una historia uruguaya, de Leonardo Haberkorn. La periodista Natalia Almada colaboró en la investigación periodística. La portada, que aparece en la foto, es de María José Marfetán. Corrigió Ana Cencio.
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